En esta serie documental, varios asesinos condenados a muerte narran en primera persona los escalofriantes crímenes que cometieron.


Tras años en régimen de aislamiento, James Robertson admite haber asesinado a su compañero de celda para que lo llevasen al corredor de la muerte, donde se vive mejor.

Aunque la sentencia de muerte de Kenneth Foster fue conmutada pocas horas antes de su ejecución, este reivindica lo injusto de su condena por culpa de las leyes tejanas.

Justin Dickens era un joven criado en un entorno de drogadicción y crimen cuando cometió un asesinato. Sin embargo, este discrepa de la versión de los hechos del fiscal.

Condenado por un triple homicidio que la Policía vincula con ritos satánicos, Miguel Ángel Martínez se convirtió en el reo más joven en el corredor de la muerte de Texas.

Tras dispararles a su exnovia Dennise y a la nueva pareja de esta, Charles Thompson es acusado de homicidio. Hasta que Dennise muere por un error médico en el hospital.

Hasta el propio David Lewis admite que cometió un asesinato, pero las facultades mentales de Lewis siguen en tela de juicio pese a haber sido condenado a muerte.

Colocado con drogas que potenciaban su ya habitual paranoia, Deandra Buchanan disparó a su tía, a su padrastro y a su novia. Él afirma que no recuerda el asesinato.

Robert Shafer y un amigo pretendían atracar a una pareja de homosexuales, pero el crimen degeneró hasta culminar en secuestro y doble asesinato.

El joven drogadicto Joshua Nelson asesinó a un amigo a sangre fría para robarle el coche. Pero durante el juicio surgen otros sorprendentes móviles para el crimen.

El asesino convicto Wayne Doty admite su culpa, pero solicita que lo ejecuten en la silla eléctrica, un método que ya no se emplea en Florida.

Varios asesinos relatan sus crímenes, incluidos una mujer que mató a su marido maltratador y el hombre responsable de una fiesta de Nochevieja letal.

Lindsay Haugen, una de las pocas mujeres condenadas por asesinato, afirma que estranguló a su novio en 2015 por misericordia, ya que este padecía depresión.

Arrepentido del crimen que lo condenó a cadena perpetua, Leo Little narra la historia del asesinato que cometió en 1998. Ahora es pastor de la Iglesia.

Tras 24 años en el corredor de la muerte, la sentencia de Joseph Murphy fue conmutada una semana antes de su ejecución debido a los abusos extremos que sufrió de niño.

Desde una cárcel para mujeres de Ohio, Linda Lee Couch habla del asesinato de su marido en 1984, un crimen alimentado por varios años de malos tratos y abusos.

En 1996, David Barnett asesinó a sus abuelos adoptivos, asestándoles más de 20 puñaladas. Más tarde, confesaría haber sufrido abusos a manos de su padre durante años.

Cavona Flenoy, oriunda de Kansas, accedió a salir con el dependiente de una licorería, pero la cita dio un giro terrible cuando este intentó violarla.

Tras intentar asesinar a su padre, el drogadicto Charles "Billy" Armentrout mató a su abuela y fue condenado a cadena perpetua.

En 1996, en una fiesta de Nochevieja, Brandon Hutchison mató a dos hermanos. Él admite haber cometido el crimen, pero hay versiones contradictorias sobre lo ocurrido.

En 1984, Toby Williams asesinó a Deborah Moore y disparó a su marido, John, durante un robo. Lleva casi 35 años en el corredor de la muerte.

Mark Arthur sostiene que asesinó al padre de un amigo en una autopista de Houston porque el hombre maltrataba a su esposa. Pero la Policía tiene otra versión.

Mientras cumplen condena por asesinato, unos presos rememoran sus crímenes y reflexionan sobre cómo sus actos destrozaron las vidas de otros y las suyas propias.

Tras haber sido maltratada toda su vida, Victoria Smith confesó haber asesinado a su marido. Pero alguien cercano al caso tiene dudas sobre su testimonio.

Deryl Madison, condenado por homicidio, reflexiona sobre sus problemas mentales y encuentra apoyo en la vicepresidenta de una coalición para abolir la pena de muerte.

Daniel Paulsrud dice que disparó y mató a su pareja Leslie por accidente. Pero los testimonios de la familia de la víctima (y las notas escritas por él) plantean dudas.

James Walker afirma no recordar el asesinato de 2001 que confesó haber cometido. Una investigación de su traumático pasado proporciona claves esclarecedoras.

¿Aceptar un acuerdo o ir a juicio? Tres hombres reciben sentencias radicalmente distintas por su implicación en el disparo que acabó con la vida de un taxista.

David Cameron Keith recuerda el día que tomó a un niño como rehén antes de dirigirse a un aeropuerto y asesinar al piloto que se ofreció a ocupar el lugar del pequeño.

¿Actos premeditados, accidentes trágicos o casos de defensa propia? Varios asesinos relatan los terribles crímenes por los que acabaron condenados a cadena perpetua.

Un asesino narra el crimen que puso fin a una vida y arruinó la suya. Los afectados, que incluyen a un policía y a la familia de la víctima, también intervienen.

Encarcelada por haber asesinado a su marido, Jema habla sobre los abusos que sufrió en el pasado y durante su matrimonio. Su madre reflexiona sobre su tensa relación.

Años después de dejar el ejército, Toby Gregory afirma que su experiencia y el estrés postraumático le hicieron matar a su esposa. La familia de ella cree lo contrario.

Furioso con las decisiones amorosas de su rebelde hija, un padre radical pone en marcha un aterrador plan de intimidación y asesinato con la participación de su hijo.

Gary Black, que cumple cadena perpetua sin libertad condicional por asesinar a Jason Johnson, no se arrepiente. La familia de Jason encuentra un propósito en la tragedia.

Tras dispararle a un compañero de trabajo, Thomas «T. J.» Schifferns insiste en su inocencia. Pero los detalles en torno al asesinato sugieren que Thomas tenía un motivo.

Un hombre que mató a su abuela, un atracador a mano armada que dice que no sabía que la pistola estaba cargada... Unos asesinos convictos rememoran sus propios crímenes.

Jamel Hatcher, que ahora ayuda a sus compañeros de cárcel, siente que ha dado un giro a su vida, pero muchos no creen que su rehabilitación sea auténtica.

Un romance juvenil se pone feo cuando el plan de Ashley Morrison de huir con su novio, Christian Sims, acaba con el asesinato de la abuela de este.

Higinio Gonzalez mató al dependiente de una tienda en un atraco a mano armada con 16 años. Él jura que fue un accidente, pero hay un fiscal que no lo tiene tan claro.

Ezdeth Highley reflexiona sobre su condena de 60 años por asesinato, su proceso de transición en prisión y lo que ha aprendido mientras cumple la sentencia.

Rex Groves, condenado por matar a su abuela, insiste en que ya no alberga deseos de asesinar a su familia. Pero la confianza de estos no se gana fácilmente.

Makueeyapee Whitford asegura que solo mató como un acto de defensa propia contra una tribu rival, pero los testigos presenciales cuentan otra historia.

Unos asesinos reflexionan sobre los terribles crímenes que los llevaron a la cárcel, desde una presunta rivalidad entre tribus hasta una operación de narcotráfico mortal.

Una operación de narcotráfico chapucera da pie a que Candie Dominguez ayude a su novio, Daniel Lopez, en el espantoso asesinato de su primo.

Daniel mantiene su inocencia mientras nuevos detalles del asesinato de Jose Menchaca centran la atención en el pasado turbulento de Candie y su relación con el cártel.

Walter Triplett, sentenciado a 20 años de prisión cuando una pelea de bar salió mal, asegura que el factor que más influyó en su condena fue la discriminación racial.

Cuando las amenazas se convierten en una agresión que se salda con un adolescente muerto y otro herido de gravedad, Kimberly Dunkin habla sobre su implicación.

Leroy Schmitz afirma que no quería matar a su mujer durante una discusión de borrachera y alega que los malos tratos de su infancia lo predispusieron a la violencia.

Kevin Saxon, condenado a un mínimo de 109 años de cárcel, reflexiona sobre las decisiones que lo llevaron a asesinar tanto dentro como fuera de la cárcel.
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