
La obra documental breve de Arne Sucksdorff sigue a gaviotas que asaltan nidos y roban huevos con persistente crueldad. Aunque se presenta como un estudio de la naturaleza en estado puro, la película se interpretó ampliamente como una alegoría del nazismo: una parábola simbólica de la predación y la violencia durante la guerra. Aunque Sucksdorff negó tal intención, comentó que "una película que no admite interpretación es una película muerta".
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