
Después de que su relación termina, Marta se sumerge en sí misma. Pierde el apetito tras perder el amor, pero pronto descubre que su falta de hambre no es solo una consecuencia del dolor de amor, sino un síntoma de un problema de salud más profundo. Este descubrimiento lo cambia todo: su percepción sobre la comida, su aprecio por la música, sus deseos y su certeza en las decisiones que ha tomado.
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