
En 1965, a los 25 años, Alan Ackland es condenado a cadena perpetua por el asesinato de un socio comercial. En 1971, Sylvia Barker, sola y deprimida tras un matrimonio fallido y con dos hijos pequeños a su cargo, busca un nuevo rumbo en su vida y se postula para ser visitadora voluntaria de prisión. Años después, sus caminos se cruzan.
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