Alan, de 13 años, y su padre Alberto huyen del doloroso vacío que dejó la muerte de su madre. Se refugian en una vivienda aislada y descubren que no son bienvenidos en el nuevo vecindario. Su llegada es vista con sospecha y desconfianza por los demás vecinos, que no olvidan las circunstancias que rodearon la estancia de su tío fallecido en ese lugar. Pronto, la tensión, el miedo y la paranoia se adueñarán de todos, consumidos por la ira.
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