Estos seres, solos, deambulan por paisajes abandonados por los vivos: bosques brumosos y lluviosos bañados por una luz de alba que anuncia la llegada de un nuevo día, pero también de un nuevo suplicio por el fuego. Condenados a repetirse como Sísifo y su roca, estos personajes están atrapados en un movimiento de bucle infinito, reflejo de una locura capaz, de cierta manera, de devolver la vida a quienes ya no están.
Inicia sesión para comentar y debatir sobre esta obra.