Phil y Jay comparten más que un vínculo familiar: carreras fallidas, relaciones rotas, bebidas interminables y el recuerdo traumático de un encuentro impactante en un barranco en su infancia. La farsa de ser extraños y el ritual oscuro y cómico que los hermanos rotos y no funcionales realizan en un intento por alcanzar su dolor, no puede ocultar la conexión palpable entre ellos ni su profundo deseo de redención. Jay, un pianista talentoso, trabaja como pianista en un bar. Mike, uno de los clientes del bar, le pide a Jay que toque la obra de Maurice Ravel "Pavane pour une infant défunte", pero Jay se niega. Este acto oculta un secreto compartido sobre su infancia.
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