
Después de veinticinco años en prisión, Nasrallah intenta evitar el mal y el robo, pero en la práctica no puede y vuelve a robar. Una noche, mientras huye (de la persecución policial), entra en la casa de un clérigo. Las palabras del clérigo lo cautivan y comienza a llevar una vida honrada. Conocer a una mujer llamada Badri lo determina a empezar una familia y casarse, pero en ese momento, la exesposa de Badri llega. Con una antigua rencilla contra Badri, ella lo acusa de un delito grave y lo envía a prisión. Nasrallah se hace cargo de criar a la hija de Badri, Maryam. Veinte años después, Badri vuelve a ver a su hija Maryam. En ese momento, Nasrallah es un anciano respetable y honorable.
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