Eva corre cuesta arriba para alcanzar un autobús, pero se tuerce el tobillo y el autobús no la espera. No habrá otro hasta el día siguiente, así que Eva regresa a la cabaña de sus padres, donde ha estado estudiando sola durante varios días. Al entrar, encuentra la puerta abierta y a un joven, Dusan, que actúa como si estuviera en su propia casa. Eva se asusta un poco y finge ser una transeúnte casual que no puede seguir adelante debido a su tobillo lesionado. El chico le ofrece una cama para pasar la noche. También trae licor de ciruela, brindan el uno por el otro y Eva comienza a jugar a la paciencia.
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