
Un chico obsesionado con las apuestas en línea se hunde cada vez más en la necesidad de ganar. Entre pantallas, notificaciones y deudas, su cuerpo empieza a ser parte del juego. En un intento desesperado por acceder a un nivel “VIP” del sistema, acepta escanearse el ojo como método de verificación. Pero cuando lo hace, el límite entre jugador y máquina se borra: ya no sabe si está apostando… o siendo apostado.
Inicia sesión para comentar y debatir sobre esta obra.