
El anciano abuelo Meiners necesita gritar cada palabra en su anticuado audífono para entender algo. Por eso, al principio no se da cuenta de la fingida amabilidad de su nuera Bertha. Lo único que le importa a ella es que el viejo finalmente entregue la granja a Jochen, su marido, quien está completamente bajo su control. Solo su sobrina Elke y el trabajador de la granja Bernd pueden ver a través del juego falso. Pero todos los intentos de abrir los ojos del viejo fallan porque Bertha ha logrado hacer que Elke parezca mala ante los ojos del viejo. En el último momento, Bernd logra colocar otro audífono en las manos del viejo. Aunque por fuera se parece al antiguo audífono, su incorporado dispositivo de audición eléctrica hace que el viejo sea tan perceptivo que no solo oye el tictac del reloj, sino que también descubre lo que su nuera está tramando.
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