He visto Los domingos. Muchas ganas tenía, pero ahora no sé muy bien qué decir. Me acordé de Camino, de Fesser, y de La mesías, de los Javis. Y me venía a la cabeza esa cosa que a veces nos da por pensar a las personas a las que nos gusta el cine y otras artes, sea la pintura, la literatura, la fotografía... Esa cosa es si el arte tiene que conmover, que tomar partido. Por poner un poner relativo a la última de las artes a la que hacía referencia. Uno de los mejores y más reconocidos fotógrafos de la historia sea, posiblemente, Ansel Adams, un genio del paisaje, que creó el sistema de zonas junto a un compañero; y luego está la fotógrafa humanista Dorothea Lange, que no inventó una mierda, pero se hizo mundialmente famosa por sus fotos sobre la Gran Depresión. Es muy probable que cualquier persona objetiva que sepa del tema diga, con decenas de argumentos, que Adams fue mucho mejor fotógrafo que Lange, pero, la verdad, a mí me importa esa misma mierda.
Pues eso mismo me acaba de pasar con Los domingos: sin duda es mucho mejor película que Camino y que la serie La mesías (igual que la cinta racista, ahistórica y defensora del Klan El nacimiento de una nación, de Griffith, sea una de las más influyentes y perfectas en el plano técnico de la historia del cine), pero un filme que podría ver con todas las de la ley Santi Abascal y con el que se podría hasta sentir identificado con sus valores, me da muy muy mal rollo. Como creyente que es uno, puedo asegurar que Los domingos la hubiera proyectado en el seminario cualquier obispo fascista, quedándose tan pancho. De hecho, por desgracia, aunque para mí la equidistancia tampoco suele ser buena consejera en el cine ni en ningún sitio, la única persona de toda la película a la que se le va, objetivamente, la pinza un poco y demuestra falta de control de emociones, e incluso de raciocinio en algunas escenas, es la atea convencida. Que además (y esto es un poco destripe), Ruiz de Azúa se encarga bien de mostrar, con bastante claridad, en el último primer plano del filme, es un personaje al que le cuesta creer en el amor de pareja y decidir humanamente. ¡Cómo no va a liarla parda con un amor espiritual! Del mismo modo que muches espectadores amarán a Mayte, puede que por esa visceralidad impotente, otres pueden comerse los mocos con el padre Txema y con sor Isabel, por su paz, su tranquilidad y su convencimiento de que el mundo no merece la pena, solo el amor del Padre.
La directora sabe de lo lindo, se ha currado cada detalle que lo flipas, y un ejemplo de esto es, justo, la oración que la adolescente está repitiendo en el templo una vez y otra: es una muy conocida de Charles de Foucauld, un militar y explorador que, fíjate tú, vivió los últimos quince años de su vida como trapense, puede que la orden más estricta de la clausura, y se convirtió en un reconocido místico. Esa oración, evidentemente, se la he enseñado alguien a Ainara y, teniendo en cuenta cuando la reza y que es una oración contemplativa, no hay que hilar muy fino para suponer que han sido las monjas del convento, pero el caso es que dicho rezo, es de lo más común en las parroquias y determinados movimientos de introspección. La mayoría de las personas creyentes van a ver normal, sano y hasta sensato que, en mitad de ese rezo, Dios te hable y te llame.
Los domingos es una película tan buena, tan pensada, tan precisa, tan... no quiero molestar a nadie, que me da un poco de miedo y... me gusta tanto como El nacimiento de una nación.