
El anciano jardinero trabaja todo el día en armonía con los ritmos de la naturaleza y la sabiduría de los antiguos latvios. Su felicidad y satisfacción reside en un jardín que ya no le pertenece, pero que siente como propio debido a su gran contribución. Habla con el jardín y este le responde, brindándole cobijo y una rica cosecha. Llega el otoño y hay mucho trabajo, más de lo que el jardinero puede manejar. Los jóvenes propietarios, deseando aliviar la carga del jardinero, contratan a un nuevo jardinero. El amor del anciano jardinero por el jardín y su renuencia a compartirlo con nadie más lo llevan a tomar una decisión inevitable: quedarse en el jardín de su familia para siempre. Esta es una historia poética y simbólica sobre el tiempo que se escapa, la tierra y la realidad moderna.
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