
En la década de los 70, un escuadrón de cazas MIG 23 derribó un objeto no identificado. Los restos fueron enviados a una zona ultra secreta de Tussier, donde los investigadores intentaron comprender lo que habían encontrado. Treinta años después, la Unión Soviética había dejado de existir, pero la información había filtrado de forma no oficial a todo el mundo. El resultado fue la destrucción de dos ciudades pequeñas, una en Iowa y otra en el este de Rusia.
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