
Fiesta de San Pedro en un pueblo. El sacerdote amonesta a sus feligreses a confesar y librarse de la avaricia, pero después de la misa invita a todos a divertirse. Fuera de la iglesia, los ancianos del pueblo son los primeros en empezar a bailar, mientras artistas callejeros entretengan a los transeúntes y los niños vuelan en carruseles iluminados. También hay un anciano inválido en una silla de ruedas en casa, un joven perdido en sus pensamientos y una mujer sola que mira a las parejas acarameladas. Todos los años, en pueblos, villas y barrios urbanos, se celebran fiestas tradicionales en honor al santo patrón. Reflejan la necesidad de fe, convivencia y entretenimiento, pero para algunos también fortalecen el sentimiento de soledad y aprensión.
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