
Tras 20 años en el extranjero, Spitteri regresa a Australia solo para verse encerrado en un centro de detención para inmigrantes. Con viejos enemigos pisándole los talones y convertido en el blanco de todos, se ve envuelto en una serie de cómicas desventuras. En el proceso, comparte con sus compañeros detenidos su particular visión del compañerismo y lo que significa ser verdaderamente australiano.
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