
En un balneario costero en 1938, Hilda parece haber perdido la chispa del romance tras casarse con el profesor Ernest. Solo el cine mantiene viva esa llama. Mientras sigue a su pomposo esposo por el paseo del acantilado para visitar el obelisco, se pregunta cómo reaccionará ante los dos marineros que quieren unirse a ellos. Tiny es ruidoso y grosero, pero su amigo Stan tiene modales encantadores y unos ojos muy azules...
Inicia sesión para comentar y debatir sobre esta obra.