
En el invierno de su segundo año de secundaria, Fuko fue invitada por su compañero de club de arte, Alan, a posar para él. Ella aceptó en el aula una mañana temprano, pero por alguna razón inexplicable experimentó un clímax y se desmayó. El profesor de la clase que encontró la escena malinterpretó la situación, lo que resultó en la expulsión de Alan y la separación de los dos. Ocho años después, Fuko no puede olvidar la sensación orgásmica de ese día. Visita a Alan y lo persuade para que vuelva a dibujar un cuadro con ella como modelo.
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