
Durante la gran helada del invierno de 1890-1891, en los pueblos de los Pirineos se registró una temperatura mínima de hasta -22ºC. En los últimos 125 años no ha habido ninguna ola de frío que haya superado estos valores. Un año antes, un niño de siete años recibió una visita inesperada en plena noche de invierno. Este evento quedará grabado en la mente del niño y en las tradiciones familiares desde entonces.
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