
Muhammad Jad al-Karim Aragouz, un hombre del pueblo, tuvo un hijo al que llamó Bahloul. Logró educarlo hasta que se graduó, pero el joven se rebeló contra la profesión de su padre. Su ambición desmedida lo llevó a cruzarse con un empresario de la localidad, quien tenía planes para un gran proyecto turístico en tierras agrícolas, lo que ponía en riesgo la posición de Al-Aragouz.
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