
Ophelia se encuentra de nuevo en una de esas sillas de consulta que odia. Una de esas en las que se ha sentado muchas veces. Ya no aguanta las lecciones morales del doctor sobre su comportamiento autodestructivo. Sí, Ophelia es una adicta, a las drogas y a todo tipo de medicamentos. Para ella, el hospital es una segunda casa en la que tiene sus buenos y malos recuerdos, sus mejores viajes y sus peores sobredosis. Después de otra revisión, Ophelia vuelve a casa. Es una joven que disfruta de la vida y va a un club nocturno. Luego regresa a casa, en medio de un viaje, es asaltada por su dealer por una deuda pendiente. Sigue una conversación entre ella y su novia, Sonia, que intenta razonar con ella, y durante una discusión, Ophelia acaba abriéndose sobre su pasado y el origen de todo.
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