1952, Budapest. Kati tiene trece años cuando su madre muere. Su padre trabaja como fundidor en la fundición de Miskolc, privado de su antigua posición de director-ingeniero. Kati queda sola en su piso, convertido en un lugar abarrotado de inquilinos. Bueno, no del todo: en su imaginación, su madre sigue viva, porque aún la necesita.
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