
Brian se comunica con un repulsivo parásito que segrega una droga altamente adictiva, y se vuelve adicto a ella. El parásito exige algo a cambio de seguir proporcionándole las dosis: cerebros humanos. A partir de entonces, Brian se ve obligado a cazar víctimas para satisfacer al parásito y seguir recibiendo las dosis de la droga a la que se ha vuelto adicto.
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