
En la primera década del siglo XX, un automóvil de carreras que había ganado tres grandes premios sufre un accidente y queda completamente quemado. Tiempo después, dos niños, Jemima (Heather Ripley) y Jeremy (Adrian Hall), hijos del inventor fracasado Caractacus Potts (Dick Van Dyke), ven la carcasa de ese automóvil de carreras, que se vendería por 30 chelines. Suplican a su padre que lo compre, pero Potts no tiene dinero y el abuelo de los niños (Lionel Jeffries), que vive con ellos, está en la misma situación. Después de un intento desastroso de vender una de sus invenciones al señor Scrumptious (James Robertson Justice), fabricante de dulces de la región, Potts consegue accidentalmente suficiente dinero en un parque de diversiones. Potts compra el automóvil y, milagrosamente, lo transforma en un vehículo completamente nuevo.
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