
En Cabo Verde, donde la mayoría de la población es joven, los niños utilizan latas de aceite de oliva, trozos de sandalias, neumáticos viejos y cartón para construir sus propios juguetes. La falta de una sociedad de consumo y los retos que plantea la insularidad los han llevado a inventar su propia independencia recreativa con casi nada.
Inicia sesión para comentar y debatir sobre esta obra.