
Muggs, enmarcado por apostadores, queda vetado de las carreras de caballos. Como ya no puede competir, recolecta dinero para que Ma Brown, dueña de los caballos, no pierda su establo. Sin embargo, uno de los apostadores involucrados en el enmarque se enamora de la hija de Ma Brown y decide confesar la verdad a la policía. Los otros apostadores se enteran y salen a callar al primero y desprestigiar a Muggs y a Ma Brown de una vez por todas.
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