
La mudanza trae consigo grandes desafíos. Mientras el padre se ha vuelto medio loco tratando de reorganizar los muebles de la villa de Caracas en un piso de París, Josefina lidia con sus propios problemas. Una llamada sexual trágica confirma su ruptura con su novia, y el amor parental se ha reducido a asegurar la pronunciación francesa correcta. Lo único que falta para completar el humor seco y las escenas extrañas y amargas es el croar de cientos de ranas.
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