
En la década de 1930, el doctor Bartos atiende con devoción a pacientes pobres en los suburbios de la ciudad, al mismo tiempo que investiga las posibilidades de regeneración de los tejidos humanos después de un trasplante. Su antiguo colega Rosen, ahora trabajando como asistente en la clínica privada del doctor Kirchenbruch, considera la investigación una mera utopía. Desilusionado, Bartos acepta la propuesta escandalosa de Marion, dueña de un burdel -reemplazar el rostro de su amante, el ladrón buscado Cutter, con el rostro del asesinado padre Hopsasa-. A cambio, Bartos recibe una generosa compensación, pero su exitosa operación debe mantenerse en secreto.
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