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La esquina de una calle se funde y se mezcla con el canto de un pájaro registrado en esa misma calle. Se desencadena una relación simbiótica: el rápido y sucesivo montaje de cortes entre la imagen de la calle y las esquinas del propio marco de video produce nuevas texturas y formas en nuestro cerebro, mientras que el sonido sigue los mismos movimientos rítmicos al resaltar diferentes "esquinas" (frecuencias) del canto del pájaro. La potencia energética que surge de la unión de estos elementos crea una nueva imagen casi táctil, maleable y ondulante. El resultado es una operación algo humorística de la palabra portuguesa "esquina" a lo largo de las diferentes etapas de la creación de la pieza, que finalmente revela una experiencia física y cinética punzante para todas las esquinas de nuestros ojos y oídos.
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