En 1847, la vida en París es tan animada como el champán y tan despiadada como la mañana gris que sigue. En los garitos de juego y los lujosos saraos, los hombres de recursos imponen su voluntad y las mujeres convertidas en cortesanas se regalan en el placer. Una de ellas es Marguerite Gautier, quien comienza una apasionada relación con Armand Duval.
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