
Vladimír Michálek optó por una adaptación poco convencional de la novela de Franz Kafka para su ópera prima. Artísticamente evocadora de las películas clásicas de Karel Zeman, el director reinterpretó esta oscura historia de un hombre que busca en vano su lugar en una sociedad rigidamente ordenada, transformando el desesperado final en uno feliz. La película brindó al cómico checo Jirí Lábus un nuevo tipo de papel: el de tío déspota del protagonista Karel Rossman (Martin Dejdar).
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