
Lia lleva una vida aparentemente normal. Trabaja y cuida de su hija. Durante una visita a sus padres, se da cuenta de que su vida no es tan normal como parece. Hace algunos años, sufrió un grave accidente de coche que dejó cicatrices en la mitad de su rostro. La ansiedad de su madre, especialmente, hace que Lia se sienta insegura de nuevo, y su desesperación culmina en una explosión emocional.
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