
Eva y David tienen una relación madre-hijo complicada. Ambos intentan acercarse, pero no saben muy bien cómo. Uno de los problemas es la barrera del lenguaje, ya que David es sordo y Eva no domina muy bien el lenguaje de señas. Después de mudarse de vuelta a su país de nacimiento, Eva viaja a Suecia por una breve visita, donde descubre algo que muchos padres experimentan a lo largo de la vida de sus hijos: tus hijos siempre te sorprenden.
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