La Scala se dejó llevar en su producción de 1986 de esta ópera de las más grandiosas, con un elenco sólido y, lo más importante para una grabación en video, una escenografía descomunal. Aunque la Escena del Triunfo del Acto II no es la única atracción de Aida, es la parte que deja la impresión más fuerte y duradera, y es el clímax visual y musical de esta producción. El director de escena Luca Ronconi presenta una procesión que supera a todas las procesiones: tesoros saqueados, estatuaria heroica, cautivos miserables que luchan bajo el látigo de los conductores de esclavos. A la altura de estas visuales está la interpretación de primera clase de Lorin Maazel del popular Gran Marcha, con el destacado coro y orquesta de La Scala. En el Acto III, la tranquilidad contrastante de la Escena del Nilo también recibe un tratamiento visual a la altura de la calidad de la música.
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